
Cara o cruz: lo que nos dicen los modelos estadísticos sobre la probabilidad de vivir más allá de los 110 años
Published : 6 ਦਸੰਬਰ 2022
La que se suponía la persona más longeva del mundo, la japonesa Kane Tanaka, falleció en abril en su país natal a los 119 años. A pesar de su espectacular longevidad, no logró superar el récord establecido hace 25 años por la francesa Jeanne Calment.
Calment murió el 4 de agosto de 1997 a la edad de 122 años y cinco meses (o, para ser exactos, 44 724 días).
¿Qué probabilidades hay de que se bata este récord?
Mi área de especialización, una rama de la estadística que se ocupa de la modelización de sucesos raros, puede ofrecer algunas respuestas a este tipo de preguntas.
La pregunta es: ¿cuántos candidatos hay a un nuevo récord mundial?
Cabe señalar que el fenómeno estudiado es extremadamente raro: según el último censo, solo el 0,3 % de la población canadiense es centenaria, es decir, algo más de 9500 personas. Son menos que en Japón, que contaba con casi 87 000 personas de más de 100 años en 2021.
Solo un puñado de estos centenarios, menos de uno de cada mil, llegará a los 110 años. Las personas que superan esta edad, los «supercentenarios», son raras excepciones.
Los modelos estadísticos al rescate
Para determinar si el récord de longevidad podría batirse o no, es esencial construir modelos estadísticos que describan la mortalidad más allá de los 110 años.
Para ello, necesitamos datos de calidad. Por ejemplo, la edad de fallecimiento de los supercentenarios debe validarse analizando, entre otras cosas, registros y partidas de nacimiento, en particular para detectar incoherencias. Esto implica un trabajo de archivo: los errores son frecuentes (malas transcripciones, usurpación de identidad, necrónimos) y varias solicitudes se rechazan por falta de pruebas suficientes para establecer con certeza la identidad o la fecha de nacimiento.
A veces es difícil obtener datos de calidad sobre la edad real de los supercentenarios. (Shutterstock)
La principal fuente de información de mi investigación es la International Longevity Database (IDL), un esfuerzo conjunto de gerontólogos y demógrafos que han registrado la edad de fallecimiento de más de 1041 supercentenarios de varios países de Europa central, Japón, Canadá y Estados Unidos.
Hay considerablemente más supercentenarias que supercentenarios registrados, pero este desequilibrio se va reduciendo con el tiempo en varios países, entre ellos el Reino Unido.
La validación de los datos exige remontarse 150 años atrás, a una época en la que la calidad de la administración y de los censos era desigual. Los países que aportan datos cuentan con equipos de demógrafos que trabajan activamente en la longevidad, así como con archivos que facilitan la validación. Sin un sistema sólido, los datos no pueden utilizarse.
Una vez obtenidos los datos necesarios sobre las personas que viven más de 110 años, podemos abordar la modelización de su duración de vida. El modelo estadístico más sencillo compatible con los datos equivale, a grandes rasgos, a lanzar una moneda al aire. Si sale cara, la persona sobrevivirá hasta su próximo cumpleaños; si no, morirá en el plazo de un año.
Este modelo también implica que el riesgo de morir es estable y no depende del historial previo de la persona. Según nuestros cálculos, la esperanza de vida de un supercentenario sería de alrededor de un año y cinco meses, un periodo muy corto.
Sobrevivir de los 110 a los 122 años, como Calment, equivaldría por tanto a sacar 12 caras seguidas, algo que ocurre menos de una vez entre un millón. Teniendo en cuenta el número de supercentenarios vivos, no es de extrañar que el récord de Calment siga vigente un cuarto de siglo después.
Jeanne Calment, ¿imbatible?
Esto hace que nuestra pregunta inicial resulte aún más intrigante: ¿se batirá algún día el récord de Calment? Y si es así, ¿cuál será el nuevo récord? Para responder a estas preguntas, necesitamos proyecciones demográficas de supercentenarios que tengan en cuenta el aumento de la población mundial.
¿Se superará algún día la edad récord de fallecimiento de Jeanne Calment? (Shutterstock)
Basándose en estas proyecciones demográficas y en el modelo de lanzamiento de moneda, investigadores de la Universidad de Washington han llegado a la conclusión de que hay bastantes probabilidades de que el récord de Calment se bata antes de 2100, pero que es poco probable que la ganadora o el ganador viva más de 130 años.
¿Existe un límite para la esperanza de vida humana?
Varios estudios científicos han sostenido recientemente que la longevidad humana es limitada. Estos estudios suelen tener un rasgo en común: ignoran cómo se recopilan los datos, lo que sesga sus conclusiones.
Aunque la esperanza de vida varía de un país a otro, la longevidad es una característica intrínseca del ser humano. Por tanto, no tiene lógica que una persona neerlandesa no pueda sobrevivir más allá de los 114 años mientras que una persona japonesa ha llegado a los 119.
Si comparamos la vida con una carrera de fondo, un límite a la longevidad equivaldría a un obstáculo insalvable al final del recorrido. Una explicación más lógica desde el punto de vista biológico es que la persona se detiene cuando se agotan sus recursos.
Extrapolar la edad máxima entraña mucha incertidumbre debido al reducido número de supercentenarios cuya edad de fallecimiento ha sido validada. No obstante, el aumento del número de países que ofrecen datos históricos fiables y validados sobre centenarios es prometedor para la investigación futura.
Nuestro análisis de varias bases de datos fiables sugiere que un límite a la esperanza de vida estaría muy por encima de la edad de Calment, y que sería sorprendente que fuera inferior a 130 años.
No tener límite no significa que una persona pueda vivir eternamente: aunque es posible sacar cruz en cualquier lanzamiento de moneda, es improbable una larga secuencia en la que todas las tiradas caigan del mismo lado.
Incluso con el aumento de la población mundial, la elevada tasa de mortalidad de los supercentenarios limita la posibilidad de batir el récord de Calment. Solo el tiempo dirá si se supera.
Léo R. Belzile, profesor adjunto de Ciencias de la Decisión, HEC Montréal
Este artículo se ha publicado originalmente en The Conversation con licencia Creative Commons. Lea el artículo original.

